Colón y el imperio del bronce.
Colón y el imperio del bronce. Orlando Acosta. Diciembre de 2013
El origen de la ciudad de Colón fue determinado por la
condición de una profunda bahía y la posibilidad
de construir un puerto. Para 1850 la isla Manzanillo y su bahía de
Limón, ofrecía pantanosas tierras anegadas por el mar y un magnifico
fondeadero.
Colón definida por
el puerto y modelada por el ferrocarril nace bajo el rumor de los cascos de los
buques que rozan sus costas y el martillar de los hierros del tren. El
centro histórico se extiende prácticamente
sobre toda la isla y cuyo trazado
original de lotes y callejones es una de las características más notables y
mejor conservadas. La imagen decadente de hoy grita que hubo
tiempos mejores.
El diseño urbano
produce amplios espacios abiertos y en medio de uno de ellos sobre una de sus isletas
se levanta un majestuoso bronce cuya
presencia e historia pasa desapercibida por los habitantes y visitantes de la
ciudad.
La estatua representa
a Cristóbal Colón y a América. Fue esculpida
por Vincenzo Vela uno de los más importantes escultores europeos de fines del
siglo XIX. La escultura llega a las costas de Colón el 29 de abril de
1870 a bordo de la fragata L'Emperatrice Eugenie por encargo de la emperatriz
francesa Eugenia de Montijo esposa de Napoleón III.
El General colombiano,
Tomás Cipriano Ignacio María de Mosquera-Figueroa y Arboleda-Salazar amigo de
la emperatriz- sugiere el traslado de la estatua a la próxima ciudad que sería
fundada bajo el mismo nombre.
Veracruz, México,
tres años antes, Fernando Maximiliano de
Habsburgo -casado con Carlota de Bélgica, hija de Leopoldo I de Bélgica fusilado
y destronado en México. Fue el fin de la
acometida del segundo imperio en tierras mexicanas.
La emperatriz Eugenia
de Montijo, quien veía la intervención
en México como la instalación del
segundo imperio mexicano y la posibilidad de instaurar una república católica
en Norteamérica, decide no enviar la estatua de regalo a sus amigos Fernando y
Carlota. Colón y la joven América resultan políticamente inapropiados con la
llegada al poder de Benito Juárez y el triunfo de la revolución mexicana y decide
posponer su obsequio.
Por lo notable de
la producción artística y en la
coyuntura de la celebración de la exposición de Paris de 1867, ésta – la estatua- forma
parte del evento y se integra a la propuesta decretada por el emperador
Napoleón III- marido de Eugenia- como
muestra de la grandeza del Segundo Imperio Francés. Mientras
se inaugura el Canal por Suez, se estrena la opera Aida de Giuseppe Verdi y
Eugenia de Montijo participa como invitada a los eventos en Egipto.
Panamá 1879, corren los años del auge y fracaso del
Canal Francés y el Vizconde Fernando de Lesseps, primer constructor del canal de Panama encuentra
en Colón la estatua en una deplorable condición y solicitó permiso a la empresa
del Ferrocarril de Panamá para colocarla en un nuevo sitio. La estatua adorna los jardines de la
residencia de él durante su estancia en la ciudad. Cristóbal y la joven América son emplazados frente
a la casa de Lesseps otorgando a ese espacio -
probablemente- el único aire de
cultura europea de este lado del istmo y seguramente afirmación política de los
poderes del mundo de ese entonces.
El mosquito y el escandalo acaba con la acometida
europea de un canal por Panamá. Las acciones del Canal son vendidas y junto a
ellas el ferrocarril de Panamá. La Compañía del Canal de Panamá se hace del
canal, la ciudad, el ferrocarril y por
supuesto de la estatua. Se genera el
territorio de la Zona del Canal de Panamá y dentro de ella queda colocado el
bronce bajo jurisdicción de los Estados Unidos. A partir de la fecha, y desde
1904 funcionarios panameños empezaron negociaciones diplomáticas para retornar
el bronce a territorio panameño, cosa que no ocurrió.
En 1916, la estatua fue llevada provisionalmente a los
jardines del hotel Washington, de los primeros edificios de estilo neoclásico
en Panamá- junto a la Gobernación de Colon- y también propiedad del Ferrocarril de Panamá. Desde allí el bronce vio sucesivos fuegos-
los que sumieron a Colón en cenizas y -como el ave fénix- repunta de ellas para perfilarse como una de las más hermosas
y alegres ciudades del caribe.
En el año de1930 el gobierno de Estados Unidos
accede a entregar la estatua a la jurisdicción de Panama y finalmente - bajo
el boato de una solemne ceremonia- la
estatua es emplazada en el Paseo
Centenario hoy Juan Demóstenes Arosemena. Colon y la joven América se posan definitivamente
sobre el eje central y principal boulevard de la ciudad de Colón sobre un
pedestal diseñado por el ingeniero italiano Genaro Ruggieri el 21 de diciembre de 1930.
Cien años después
la imagen y destino de la ciudad de Colón sigue modelada por las propuestas de
desarrollo y uso de tierras bajo las fuerzas del Canal y la posición geográfica
del istmo. La ciudad sigue siendo puerto
y zona de comercio. La gente y Colón no
recuerda y parece olvidar el periplo de los viajes de la estatua de Colón y la
joven América.
El futuro de la
ciudad más grande del Atlántico es incierto con la integración del territorio
occidental de la provincia por la construcción del tercer puente sobre el Canal
y la ampliación en el siglo XXI. En el corto plazo entrarán al mercado de
tierras y al desarrollo de la provincia de Colón cientos de miles de hectáreas,
incluyendo el potencial turístico de la antigua base de Sherman y la riqueza
natural de los bosques de del Parque Nacional San Lorenzo junto al sitio de patrimonio
mundial : San Lorenzo Real de Chagre.
Los futuros
desarrollos mineros de Donoso se integran al país con un contingente de
personas por la actividad minera. Serán
demandados una lista de servicios personales, bienes de consumo e
infraestructura, visualizando la ciudad de Colón como centro de oferta de esta
economía regional en el Atlántico
panameño.
Reconociendo la
variable cultural y la riqueza arquitectónica de Colon, surge la oportunidad de
integrar la conservación patrimonial que ofrece el centro histórico para articular-bajo novedosos esquemas de empresa-
en una oferta de vivienda para la
población. Una acción concertada de carácter institucional sobre una plataforma
de participación social puede posibilitar
la conservación de una de las urbes más importantes del país, no solo por su
riqueza arquitectónica, sino por su vinculación y origen en nuestra vocación de
tránsito.
Colón clama por
otra oportunidad para posicionarse en el centro de desarrollo del Atlántico bajo
una visión integral de aprovechamiento y conservación de los recursos que
maneja bajo una perspectiva de
sostenibilidad cultural, histórica y social.
Colón y su fascinante historia merecen ser entendida, conocida y
conservada.
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