Patrimonio Funerario. Espacios de Memoria.

Patrimonio funerario: espacios de memoria: Orlando  Acosta Patiño. Diciembre de 2016

Los cementerios vinculados a la historia de la construcción del ferrocarril, luego de la acometida francesa del Canal y el impulso norteamericano, se encuentran a la espera de documentación, interpretación y conservación. Según fuentes de un diagnostico preliminar de USARSO existen al menos unos 15 cementerios conocidos dentro de los límites de la antigua Zona del Canal.  

Desde Colón, pasando por Matachín, cruzando por el Cementerio Francés y el conmemorativo de Corozal, ese  conjunto de ciudades de la muerte, constituye un patrimonio   material de importancia y una de las manifestaciones de la diversidad cultural que han acompañado el proyecto de construcción de los principales elementos de la ruta de comunicación transoceánica.
¿Qué nos dicen los cementerios, como conjuntos sobre nuestra historia? ¿Qué lecturas se pueden hacer del arte funerario, en orden a encontrar pistas sobre la memoria social? ¿Qué versiones sobre la muerte se ocultan detrás de tumbas y lápidas? Todas estas preguntas están por responder e interpretar sobre los campos santos dentro de la antigua Zona del Canal.

Los  cementerios dentro de la antigua zona del Canal se encuentran en total abandono.  Mientras nos encontramos que dentro de las prioridades del Instituto Nacional de Cultura es llevar un grupo de 60 bailarines y músicos un zapateo a la Ferio del Libro de Guadalajara mientras  el reconocimiento del patrimonio funerario está a la espera. Sigue en la lista de espera una acometida sistemática para la apertura del principal museo arqueológico entre otros temas importantes.

En Mount Hope o Monte Esperanza  reposan, parcialmente, los restos de miles de personas que trabajaron en la construcción del ferrocarril y probablemente vidas relacionadas con  la iniciativa francesa del Canal interoceánico.  
 Para mayo de 1850, la referencia que existe para el lugar destinado a los muertos, es la de Monkey Hill. Es ese lugar,  en las afueras de la ciudad, el que  se tenía destinado para   inhumar a todas esas personas, mayoritariamente trabajadores, vinculados con los proyectos de la construcción de la ciudad, el ferrocarril y el Canal.

Para el año de 1853, existe una primera mención sobre el uso de este lugar. Para esa fecha ya el ferrocarril se extendía más allá de ese lugar y considerando que esa forma de transporte era la única vía de comunicación hacia el Atlántico, es muy probable que el sitio comenzara a utilizarse antes de la fecha formal de referencia. Los ritos funerarios en la ciudad de Colón se describen vinculados a la actividad y los servicios del tren. Hubo vagones destinados y horarios determinados especialmente para el traslado de los restos y personas al sitio de Monkey Hill. Otis, en su obra History of the Panama Railroad, publicado en el Star and Herald en el año de 1856, nos da referencia de su existencia “en lo alto del bosque de Monte Esperanza se encuentra localizado el cementerio general de Aspinwall”.  
En los primeros 25 y 30 años de la ciudad de Colón los ritos funerarios eran liderados por los feligreses de la iglesia Anglicana. Para 1860, se sabe de la llegada a Colón de un sacerdote católico de nombre Curley. Las primeras logias masónicas fechan para el año de 1854, una parcela para ser usada como  cementerio de la compañía del ferrocarril, cuyo nombre era San Juan y el cual compitió para albergar difuntos con el cementerio de Monte Esperanza.

Para el año de 1856, el diario Star and Herald reporta “la consagración del cementerio de Monte Esperando o Mount Hope” por el reverendo Católico Bishop Staley, asistido por el Obispo de la Iglesia Anglicana de apellido Stanley .
Mientras que para el año de 1887, se tiene referencia de la apertura de una sección del cementerio para el descanso de la comunidad hebrea en la ciudad de Colón. La Sociedad  Chizuc Emunah de Colón solicitó formalmente para esas fechas la construcción de una sección del cementerio, misma que se localiza frente a la más antigua, levantada para los primeros años del ya existente.

La historia de construcción del cementerio de Monte Esperanza, el más grande y posiblemente el más antiguo en la Zona del Canal, parece girar sobre el eje de una diversidad cultural y los requerimientos de administrar la muerte en la ciudad de Colón.  Este eje de multiculturalidad y ritos funerarios es clave para entender la estructura social y cultural de los primeros años de la ciudad de Colón, la construcción del ferrocarril y el Canal.  

Funcionó de manera continua hasta el año de 1979, cuando es recibido por la República de Panamá en virtud del inicio de la ejecución del Tratado y aún se mantiene en uso. De ahí la necesidad urgente de conservación y la importancia de no perder la información que existe dentro del muy deteriorado sitio de Monte Esperanza.

Las obras de ampliación del Canal descubrieron el posible emplazamiento de la población de Matachín y el cementerio con algunas referencias materiales de la existencia de éste. Este sitio, al igual que otros más, fue escrutado bajo el alcance de la ampliación y como registro arqueológico de las áreas impactadas por el proyecto.    

En el cementerio de Corozal, de aproximadamente 16 hectáreas,  se encuentran inhumados restos de personas que pasaron por Panamá y que en algún momento sus vidas fueron interrumpidas durante la construcción de la ruta, o bien bajo su residencia en el enclave de la antigua Zona del Canal.  Dentro de él reposan restos de los cementerios de isla Naos y Flamenco. En ese lugar fueron enterrados, a finales del siglo XIX, soldados, marineros y viajeros, que pasaron desde los tiempos de la fiebre del oro hasta  construcción del ferrocarril.  En el cementerio de Corozal están restos de personas que fueron enterradas en el antiguo Hospital Francés en Cerro Ancón.

El cementerio de Gatún fue objeto de  conservación por parte de varias iniciativas oficiales y privadas. Documentado por primera vez en el proceso de reversión por la antigua ARI. El interés por su conservación pasa por iniciativas de la sociedad civil y que hoy  se encuentra, atrapado en una colina, entre las esclusas de Gatún y las de Agua Clara, en el Atlántico.The Silver People Heritage Foundation,  organización de corte civil, ha mostrado interés en la conservación de la memoria de los antillanos que dieron sus vidas por el Canal y que están sepultados allí. También hubo una iniciativa de la Asamblea de Diputados de Panamá para que se incluyera al Cementerio de Gatún  en la lista de Patrimonio Histórico Nacional. 

El cementerio registró una visita inusitada desde Nueva York, cuando en el año de 2012, una nieta descendiente de una mujer afroantillana sepultada allí, llegó  a honrar la memoria de su abuela, quien con su bebé, descansan  en ese lugar desde principios del siglo XX.     
La conservación de elementos de la memoria colectiva, particularmente la asociada al patrimonio funerario, encuentra obstáculos para su continuidad ante la desatención de los valores culturas relacionados con la muerte.  El deterioro por parte del tiempo de estos espacios junto con la falta de mantenimiento es otra variable que aporta al estado de abandono como también circunstancias que tienen origen en la insuficiencia de instrumentos de gestión para su conservación.


Los cementerios en la antigua zona del Canal son espacios de memoria que demandan su conservación y continuidad para alcanzar la interpretación y entendimiento de una compleja historia local y panameña de vida y muerte, esfuerzo que concluye en la construcción del espacio de tránsito, entre finales del siglo XIX y el siglo XX. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

rubrica de ensayo e indicaciones