Patrimonio Funerario. Espacios de Memoria.
Los cementerios vinculados a la historia
de la construcción del ferrocarril, luego de la acometida francesa del Canal y
el impulso norteamericano, se encuentran a la espera de documentación, interpretación
y conservación. Según fuentes de un diagnostico preliminar de USARSO existen al
menos unos 15 cementerios conocidos dentro de los límites de la antigua Zona
del Canal.
Desde Colón, pasando por Matachín,
cruzando por el Cementerio Francés y el conmemorativo de Corozal, ese conjunto de ciudades de la muerte, constituye
un patrimonio material de importancia y una de las
manifestaciones de la diversidad cultural que han acompañado el proyecto de
construcción de los principales elementos de la ruta de comunicación
transoceánica.
¿Qué nos dicen los cementerios, como
conjuntos sobre nuestra historia? ¿Qué lecturas se pueden hacer del arte
funerario, en orden a encontrar pistas sobre la memoria social? ¿Qué versiones
sobre la muerte se ocultan detrás de tumbas y lápidas? Todas estas preguntas
están por responder e interpretar sobre los campos santos dentro de la antigua Zona
del Canal.
Los cementerios dentro de la antigua zona del
Canal se encuentran en total abandono. Mientras
nos encontramos que dentro de las prioridades del Instituto Nacional de Cultura
es llevar un grupo de 60 bailarines y músicos un zapateo a la Ferio del Libro
de Guadalajara mientras el
reconocimiento del patrimonio funerario está a la espera. Sigue en la lista de
espera una acometida sistemática para la apertura del principal museo arqueológico
entre otros temas importantes.
En Mount
Hope o Monte Esperanza reposan,
parcialmente, los restos de miles de personas que trabajaron en la construcción
del ferrocarril y probablemente vidas relacionadas con la iniciativa francesa del Canal
interoceánico.
Para
mayo de 1850, la referencia que existe para el lugar destinado a los muertos, es
la de Monkey Hill. Es ese lugar, en las afueras de la ciudad, el que se tenía destinado para inhumar
a todas esas personas, mayoritariamente trabajadores, vinculados con los
proyectos de la construcción de la ciudad, el ferrocarril y el Canal.
Para el año de 1853, existe una primera mención
sobre el uso de este lugar. Para esa fecha ya el ferrocarril se extendía más
allá de ese lugar y considerando que esa forma de transporte era la única vía
de comunicación hacia el Atlántico, es muy probable que el sitio comenzara a
utilizarse antes de la fecha formal de referencia. Los ritos funerarios en la
ciudad de Colón se describen vinculados a la actividad y los servicios del
tren. Hubo vagones destinados y horarios determinados especialmente para el
traslado de los restos y personas al sitio de Monkey Hill. Otis, en su obra History
of the Panama Railroad, publicado en el Star
and Herald en el año de 1856, nos da referencia de su existencia “en lo
alto del bosque de Monte Esperanza se encuentra localizado el cementerio
general de Aspinwall”.
En los primeros 25 y 30 años de la
ciudad de Colón los ritos funerarios eran liderados por los feligreses de la
iglesia Anglicana. Para 1860, se sabe de la llegada a Colón de un sacerdote
católico de nombre Curley. Las primeras logias masónicas fechan para el año de
1854, una parcela para ser usada como
cementerio de la compañía del ferrocarril, cuyo nombre era San Juan y el
cual compitió para albergar difuntos con el cementerio de Monte Esperanza.
Para el año de 1856, el diario Star and Herald reporta “la consagración
del cementerio de Monte Esperando o Mount Hope” por el reverendo Católico
Bishop Staley, asistido por el Obispo de la Iglesia Anglicana de apellido
Stanley .
Mientras que para el año de 1887, se
tiene referencia de la apertura de una sección del cementerio para el descanso
de la comunidad hebrea en la ciudad de Colón. La Sociedad Chizuc Emunah de Colón solicitó formalmente
para esas fechas la construcción de una sección del cementerio, misma que se
localiza frente a la más antigua, levantada para los primeros años del ya
existente.
La historia de construcción del
cementerio de Monte Esperanza, el más grande y posiblemente el más antiguo en
la Zona del Canal, parece girar sobre el eje de una diversidad cultural y los
requerimientos de administrar la muerte en la ciudad de Colón. Este eje de multiculturalidad y ritos
funerarios es clave para entender la estructura social y cultural de los
primeros años de la ciudad de Colón, la construcción del ferrocarril y el
Canal.
Funcionó de manera continua hasta el año
de 1979, cuando es recibido por la República de Panamá en virtud del inicio de
la ejecución del Tratado y aún se mantiene en uso. De ahí la necesidad urgente
de conservación y la importancia de no perder la información que existe dentro
del muy deteriorado sitio de Monte Esperanza.
Las obras de ampliación del Canal
descubrieron el posible emplazamiento de la población de Matachín y el
cementerio con algunas referencias materiales de la existencia de éste. Este
sitio, al igual que otros más, fue escrutado bajo el alcance de la ampliación y
como registro arqueológico de las áreas impactadas por el proyecto.
En el cementerio de Corozal, de
aproximadamente 16 hectáreas, se encuentran
inhumados restos de personas que pasaron por Panamá y que en algún momento sus
vidas fueron interrumpidas durante la construcción de la ruta, o bien bajo su
residencia en el enclave de la antigua Zona del Canal. Dentro de él reposan restos de los
cementerios de isla Naos y Flamenco. En ese lugar fueron enterrados, a finales
del siglo XIX, soldados, marineros y viajeros, que pasaron desde los tiempos de
la fiebre del oro hasta construcción del
ferrocarril. En el cementerio de Corozal
están restos de personas que fueron enterradas en el antiguo Hospital Francés
en Cerro Ancón.
El cementerio de Gatún fue objeto
de conservación por parte de varias
iniciativas oficiales y privadas. Documentado por primera vez en el proceso de
reversión por la antigua ARI. El interés por su conservación pasa por
iniciativas de la sociedad civil y que hoy se encuentra, atrapado en una colina, entre
las esclusas de Gatún y las de Agua Clara, en el Atlántico.The Silver People Heritage
Foundation,
organización de corte civil, ha
mostrado interés en la conservación de la memoria de los antillanos que dieron
sus vidas por el Canal y que están sepultados allí. También hubo una iniciativa
de la Asamblea de Diputados de Panamá para que se incluyera al Cementerio de
Gatún en la lista de Patrimonio Histórico Nacional.
El cementerio registró una visita
inusitada desde Nueva York, cuando en el año de 2012, una nieta descendiente de
una mujer afroantillana sepultada allí, llegó
a honrar la memoria de su abuela, quien con su bebé, descansan en ese lugar desde principios del siglo
XX.
La conservación de elementos de la
memoria colectiva, particularmente la asociada al patrimonio funerario,
encuentra obstáculos para su continuidad ante la desatención de los valores
culturas relacionados con la muerte. El
deterioro por parte del tiempo de estos espacios junto con la falta de
mantenimiento es otra variable que aporta al estado de abandono como también
circunstancias que tienen origen en la insuficiencia de instrumentos de gestión
para su conservación.
Los cementerios en la antigua zona del
Canal son espacios de memoria que demandan su conservación y continuidad para
alcanzar la interpretación y entendimiento de una compleja historia local y
panameña de vida y muerte, esfuerzo que concluye en la construcción del espacio
de tránsito, entre finales del siglo XIX y el siglo XX.

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